Cómo afecta el móvil a nuestros hijos

Por Jenny Radesky, doctora en medicina

Una mujer mirando un teléfono con un bebé a su lado

Antes de ponerme a escribir este artículo, pregunté a mis hijos de cuatro y ocho años por lo que se les pasa por la cabeza cuando abro el portátil o cojo el smartphone.

Mi hijo de ocho años respondió: "Supongo que lo haces porque tienes que mirar el correo". Pues tiene razón, pensé. Ojalá lo hiciera menos. El de cuatro dijo: "Decepción". Cuando le pedí que se explicara, me mostró el aspecto que tengo cuando uso el móvil: lo cogió, se puso a mirarlo, frunció el ceño y suspiró dramáticamente. Fue como si me estuviera viendo en un espejo.

Como pediatra, he investigado el efecto que tiene el uso del teléfono móvil en las dinámicas familiares. La relación entre padres e hijos es un factor determinante de la salud social y emocional, la capacidad de adaptación y el éxito en la vida de los niños. Sin embargo, me doy cuenta de que cada vez hay más interacciones familiares que se ven interrumpidas por los dispositivos móviles. . . incluidas las mías.

Empecé a interesarme por este tema en el 2010, cuando trabajé un año como pediatra en una zona a las afueras de Seattle. Muchos de los padres que venían a la consulta con sus hijos trabajaban en empresas tecnológicas y eran de las primeras personas que utilizaban dispositivos móviles. Durante mi formación, había tenido experiencia con niños que jugaban con consolas portátiles, pero esto era algo distinto: los padres enviaban mensajes durante conversaciones sobre salud (¿de verdad estaban atendiendo a lo que les decía?), buscaban información médica online para comprobar mi fiabilidad (¿era eso un síntoma de ansiedad parental?) y ponían vídeos a los niños para que no lloraran (muy útil a la hora de mirarles los oídos, pero ¿lo sería también en otras situaciones).

Me fascinaba el cambio cultural que se estaba viviendo en Estados Unidos con la rápida adopción de los dispositivos móviles. Sin embargo, como pediatra, no tenía ni idea de qué hacer al respecto. Por eso, cuando me mudé a Boston para formarme en pediatría conductual y del desarrollo, decidí ahondar en el tema.

Comencé mi investigación observando a familias en restaurantes de comida rápida, y los resultados fueron muy reveladores: cuando los padres prestaban mucha atención al móvil, hablaban menos con sus hijos, tardaban más en responder (o directamente no lo hacían) cuando los niños pedían atención y, a veces, reaccionaban de forma exagerada a comportamientos de los niños.

Nuestros estudios más recientes muestran que, si los padres utilizan dispositivos tecnológicos durante las actividades en las que interactúan con sus hijos, los niños acaban desarrollando comportamientos más complicados a la larga. Esto, a su vez, hace que los padres recurran aún más a la tecnología. Es un círculo vicioso: cuando los niños nos estresan, solemos recurrir al móvil como forma de escape o para evitar interacciones. Eso interrumpe el tiempo que pasamos con ellos o les molesta, lo que puede causar que respondan negativamente, y así sucesivamente.

Como madre trabajadora con dos niños pequeños, tenía una opinión clara sobre el uso el teléfono mientras interactuaba con mis hijos, pero quería conocer otras opiniones. Para ello, entrevisté a 35 padres y madres procedentes de diferentes entornos de Boston para que me contaran sus experiencias. Me dijeron que nunca habían sentido que su cerebro estuviese a tantas cosas a la vez. En palabras de una de las madres, era como si todos los temas del mundo pudieran invadirle durante el tiempo que pasaba en casa y recayeran sobre ella.

Sentían alivio a la par que desesperación cuando el teléfono se les había roto o si alguna vez lo habían perdido. Por una parte, les resultaba más fácil volver a centrarse exclusivamente en sus hijos, pero también se sentían desconectados de sus amigos y de la información. Sin embargo, lo más interesante de estas entrevistas fue lo mucho que apreciaron los padres la oportunidad de desahogarse y pensar sobre el papel de la tecnología en su familia.

Gracias a mis entrevistas con familias me di cuenta de que todos necesitamos dar un paso atrás, replantearnos nuestra relación con los dispositivos y reflexionar sobre por qué hacemos lo que hacemos, ayudándonos de preguntas como las siguientes:

  • ¿Hay ocasiones en las que uso el teléfono para aliviar el estrés en vez de salir a dar un paseo o respirar hondo? ¿Uso el smartphone para no tener que participar en interacciones familiares complicadas?
  • Durante el tiempo que uso el teléfono, ¿qué aspectos me resultan más estresantes o me generan inseguridades? ¿En qué sentido usar el teléfono contribuye a mejorar mi lado generoso y social?
  • ¿Qué tipos de relaciones con los dispositivos están aprendiendo mis hijos de mí? ¿Les estoy enseñando que está bien conducir y usar el móvil a la vez o mirar la pantalla mientras alguien habla conmigo?

No es fácil poner en práctica estas acciones de autoconocimiento, pero nos ayudan a mejorar como padres. Así que ya sabes: pregunta a tus hijos cómo se sienten cuando coges el teléfono y descubre cuál es su respuesta.

El artículo Cómo afecta el móvil a nuestros hijos se publicó originalmente en PBS Kids.