Cómo usar un asistente virtual con niños

Por Jenny Radesky, doctora en medicina

una niña y una mujer cocinando juntas

Estas Navidades, muchos hogares han acogido un asistente virtual, como Alexa, Google Home y otras tecnologías basadas en la inteligencia artificial (IA), y muchos padres ya usan Siri u otro asistente de voz en el móvil. Quizás haya padres que se pregunten cómo pueden sacar el máximo partido a estos dispositivos tan útiles y de escucha constante sin que el salón se convierta en un campo de batalla de niños llamando a gritos al asistente. Aunque todavía no hay estudios sobre la relación entre los niños y los asistentes virtuales, sí que hay algunos principios que se pueden seguir.

El primero de ellos es el siguiente: no des por hecho que los niños ven los asistentes virtuales de la misma forma que los adultos (aunque lo cierto es que la mayoría no somos del todo conscientes de cómo usan nuestros datos). Algunos estudios han comparado la concepción que tienen los niños y los adultos sobre los robots o los juguetes interactivos, y han constatado que los primeros suelen verlos mucho más como entidades de fiar que piensan, sienten y merecen un trato humano. ¿Quién nos dice que no van a ver con los mismos ojos al asistente virtual del salón de su casa?

Consciente de que los niños a veces conciben el mundo de una forma distinta a los adultos, les hice una pregunta a mis hijos. En casa no tenemos ningún asistente virtual (solo montones de altavoces de música), pero como mis hijos han usado mucho Siri, le pregunté al de ocho años quién era Siri, a lo que me respondió: "Una señora de California que responde nuestras preguntas siempre que lo necesitamos". No di crédito y decidí corregirle, ya que no quiero que piense que siempre va a haber alguien disponible para responder sus preguntas al instante; quiero que aprenda a pensar por sí mismo.

El segundo principio es este: los niños piensan y aprenden de una forma muy distinta a como lo hace la IA. La mente de un niño es imaginativa y amplia, mientras que la IA se limita a buscar patrones similares. Los niños conectan la información a partir de experiencias muy diferentes y, a veces, sin aplicar la lógica; puede preocuparles que, al igual que el agua se va por el desagüe de la bañera, ellos también puedan colarse por ahí, por poner un ejemplo. La IA se basa en hechos y en la lógica. Por tanto, es posible que los niños y la IA no se comuniquen del todo bien.

Estas son otras de las preguntas que me han hecho:

1. Los asistentes virtuales responden aunque los niños utilicen un tono exigente o palabras malsonantes. ¿Existe el riesgo de que esta práctica no deliberada refuerce comportamientos negativos?

Sin duda, es posible si el niño piensa: "Como la última vez salió bien y está guay decir cosas así, voy a hacerlo otra vez". Los padres deben marcar reglas de amabilidad en casa a la hora de interactuar con los demás, ya sea con una persona o con una IA. No obstante, también me preocupa el aprendizaje informal, es decir, el conocimiento sobre el mundo que los niños adquieren al observar los comportamientos de su entorno. Acostumbrarse desde pequeño a recibir al instante todo lo que se pide puede ir en detrimento de dos atributos que es muy importante desarrollar durante la infancia: la paciencia y la capacidad de solucionar los problemas por uno mismo. El aprendizaje informal también puede ser positivo, como cuando los niños aprenden que es importante cuidar de la naturaleza gracias a un podcast sobre ciencia o cuando un programa de televisión les muestra la existencia de culturas y capacidades diferentes como algo normal.

2. ¿Está bien permitir que los niños hagan preguntas en bucle a Siri u otro asistente virtual?

Los niños pequeños son muy preguntones, así que es muy cómodo tener una IA que responda por nosotros. Sin embargo, hay que tener en cuenta dos aspectos. En primer lugar, si bien los asistentes virtuales transmiten mucha información, no aportan sentido. Este sentido lo inculcan los seres queridos, a menudo mediante los cuentos. En segundo lugar, los padres a veces nos damos cuenta de que las preguntas trepidantes de nuestros hijos son fruto de una ansiedad subyacente que, más que con información, conviene aplacar jugando con ellos, dibujando o dándoles un abrazo. Por ejemplo, durante un invierno mi hijo menor hizo muchísimas preguntas sobre incendios domésticos después de ver la casa de un vecino en llamas. Esas preguntas eran producto de su miedo y de su deseo de sentirse a salvo. Responderlas con más información podría haber hecho que se preocupara aún más.

3. ¿Y si mi hijo/a tiene autismo u otro trastorno, y hablar con un asistente virtual le ayuda a comunicarse mejor?

Eso es estupendo, pero no dejes que la cosa se quede ahí: procura que aplique lo aprendido en nuevos entornos. En otras palabras, si tu hijo/a coge confianza hablando con Siri, es importante que intente comunicarse poco a poco con otras personas en entornos sociales más difíciles.

4. ¿Cuáles son los aspectos positivos?

Lo que me gusta de los programas y asistentes de voz es que crean un entorno de audio que toda la familia puede disfrutar y compartir. Gracias a ellos, las familias pueden reproducir podcasts, divertirse con juegos de audio, escuchar música, bailar y entablar conversaciones a partir de lo que aprenden.

Cómo usar un asistente virtual con niños se publicó originalmente en PBS Kids.